EL HUMANISMO ÉTICO: PILAR FUNDAMENTAL DE LA CULTURA EUROPEA

Introducción

El humanismo ético [1]  es un firme pilar constitutivo de la cultura europea, presente en la construcción de las naciones europeas desde el mundo griego hasta hoy. La cultura occidental en general ha desarrollado los períodos más fecundos de su historia al amparo del pensamiento humanista, construido sobre las sabias experiencias filosóficas y científicas del mundo clásico greco-romano, y sobre las mejores contribuciones que ha destilado la milenaria cultura judeo-cristiana.

Inmersos como estamos en una crisis económica y de valores éticos —una de las más acuciantes de la historia contemporánea europea—, en la Asociación Foros de la Concordia consideramos que, en el desarrollo de nuestra historia presente, es preciso seguir los valores del humanismo ético, aprehenderlos y actualizarlos para que sean un faro seguro y potente que contribuya a incrementar la ilusión y la esperanza de la ciudadanía europea, a menudo desorientada y escéptica, de estas primeras décadas del siglo XXI.

En este sentido, respecto a los amplios y fundamentales temas transversales de largo recorrido que nos proponemos abordar en sucesivos foros, queremos elaborar propuestas de concordia desde el enfoque del humanismo ético. Entre esos temas destacan la EDUCACIÓN y la CONSTRUCCIÓN EUROPEA. Respecto a la primera, consideramos prioritario un cambio de rumbo, de modo que se base en la veracidad, en la honradez, en una sólida preparación cultural y científica, y en un alto concepto del respeto y de la tolerancia hacia los demás. En cuanto a la construcción europea, apostamos por la presencia de los valores del humanismo ético, siendo nuestra guía la tradición del mejor humanismo europeo.

 

Principios fundamentales del humanismo ético

La dignidad, la autonomía y la libertad del individuo son los principios centrales del humanismo ético. La libertad comprende, entre otras, la libertad de pensamiento y de conciencia, la libertad de asociación y de expresión, y la libertad de investigación, todas ellas ejercitadas siempre con responsabilidad y respeto a los derechos de los otros.

Todas las personas son dignas de igual consideración. Todos y cada uno de los individuos deben ser tratados humanamente, con independencia del territorio donde habiten y del que procedan. Esto es especialmente relevante en las actuales sociedades democráticas, en las que puede coexistir una multiplicidad de sistemas alternativos de valores.

Se debe respetar una ética de principios. Esto significa que el fin no justifica los medios; por el contrario, que nuestros fines están modelados por nuestros medios, y que hay límites acerca de lo que nos está permitido hacer.

 

Valores y virtudes destacados

La diversidad de nuestro mundo y de nuestras sociedades constituye un valor per se que debe ser preservado: todos los individuos tienen derecho a seguir su propio estilo de vida, siempre que ello no perjudique a otros; asimismo, todas las culturas deben ser respetadas, preservadas y fomentadas.

Virtudes clásicas como la templanza, la valentía, la generosidad o la prudencia que se complementan con otros valores como la creatividad, el gusto estético, la tolerancia y la necesidad de una educación que sirva para desarrollar al máximo el talento de cada cual, caracterizan una ética de la excelencia que el humanismo ético defiende.

El humanismo intenta sacar a flote lo mejor de la persona, de manera que todos puedan obtener lo mejor que la vida les ofrezca. Defendemos, por tanto, la necesidad de proporcionar formación ética a los niños y a los jóvenes, al objeto de desarrollar el carácter y fomentar la capacidad de razonamiento moral.

Las virtudes de la empatía (o buena disposición) y la corrección (o trato cuidadoso) son esenciales para la conducta ética. Esto implica un interés altruista hacia las necesidades e intereses de los demás.

 

Instrumentos

La razón es el instrumento de que el ser humano dispone para fundamentar sus juicios éticos. El punto decisivo es que el conocimiento es esencial para tomar decisiones éticas; los principios y valores humanos pueden fundamentarse mejor a la luz de la investigación reflexiva.

Por otra parte, en un proceso de deliberación es necesario el compromiso, si estamos por la tarea de solucionar los dilemas morales. Cuando existan diferencias, es preciso negociarlas, siempre que se pueda, mediante un diálogo racional.

Hay que tener la disposición y estar preparados para adecuar los principios y los valores éticos a las realidades que vayan produciéndose y a las expectativas futuras, sin renunciar a la esencia de las mismas. Necesitamos ciertamente apropiarnos de la mejor sabiduría moral del pasado, pero también desarrollar nuevas soluciones para los dilemas morales, sean viejos o nuevos.

 

El humanismo ético y la comunidad internacional

Los principios básicos de una conducta ética son comunes virtualmente a todas las civilizaciones. Las tendencias morales están profundamente enraizadas en la naturaleza humana y han evolucionado a lo largo de la historia.

Desde el punto de vista del humanismo, se necesita llegar a acuerdos respecto a posicionamientos  éticos, que, en última instancia, forman parte de intereses, deseos, necesidades y valores humanos. Cada decisión ética será juzgada a tenor de sus consecuencias para la felicidad humana y la justicia social.

Personas de entornos socioculturales muy diferentes aplican de hecho principios morales generales muy similares entre sí, aunque sus juicios morales específicos puedan diferir en función de condicionamientos distintos. De ahí que el desafío para las sociedades sea reconocer las similitudes y no las diferencias.

 

Objetivos éticos generales

El principio ético fundamental del humanismo es la necesidad de respetar el valor y la dignidad de todas las personas de la comunidad mundial. Es preciso, pues, actuar de tal modo que, siempre que sea posible hacerlo, mitiguemos el sufrimiento e incrementemos la felicidad humana en todos los lugares del planeta.

Es necesario un compromiso no sólo con el bienestar de aquellos que viven en la propia comunidad o dentro de las fronteras de la propia nación-estado, sino también con la comunidad mundial. Asimismo, estos objetivos se plantean no sólo para los tiempos  actuales, sino también para el futuro, porque cada generación tiene la obligación de entregar a la siguiente un entorno algo mejor que el que ha heredado.

Es preciso realizar los esfuerzos necesarios para terminar con la pobreza y la desnutrición, y para proporcionar vivienda digna y un adecuado cuidado de la salud  a la gente de todos los rincones del planeta. El acceso a la educación y el enriquecimiento cultural deben ser universales.

Los individuos no deben ser discriminados negativamente a causa de su raza, origen étnico, nacionalidad, lengua, cultura, casta, clase, creencias, género u orientación sexual. Los principios de la igualdad deben ser respetados por todas las comunidades civilizadas en los siguientes aspectos:

 

  • Igualdad ante la ley
  • Igualdad de trato
  • Igualdad de oportunidades
  • Satisfacción de las necesidades básicas
  • Derecho a la privacidad
  • Libertad de elección personal

 

Diversidad cultural y mundialismo

La diversidad cultural es un valor a proteger, excepto en aquellos aspectos en que una cultura sea exclusivista, intolerante, represiva o atente contra los principios éticos más elementales, tal y como se recogen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El etnocentrismo es el resultado de aislamientos sociales y geográficos pasados, que ya no son relevantes en una sociedad global abierta, en la que la interacción entre diferentes etnias y grupos sociales no sólo es posible, sino que debe ser fomentada.

Aunque la lealtad a la propia nación o al propio grupo (sea éste de carácter étnico, religioso o de otro tipo) pueda motivar a los individuos más intensamente que sus propios intereses egoístas, el chovinismo excesivo de las distintas naciones estados y los diferentes grupos  frecuentemente se convierte en algo destructivo. En consecuencia, la solicitud y la lealtad morales no deben finalizar en el límite de los enclaves étnicos o de las fronteras nacionales, sino que deben orientarse hacia la comunidad mundial, apoyándose en los valores de carácter universal que todos podemos entender y compartir.

 

Sistemas de organización internacional

Una moralidad racional nos impone construir y apoyar instituciones de cooperación entre individuos de diferentes etnias y naciones, que propicien la integración. Es primordial esforzarnos en encontrar bases comunes y en buscar valores compartidos no sólo con aquellos que se encuentran en nuestra línea de pensamiento sino, sobre todo, con quienes puedan discrepar.

Cualquier sistema transnacional que se diseñe debe ser democrático, basado en la autonomía, la descentralización y la libertad para los estados y regiones independientes del mundo, y desarrollarse en un marco que establezca las restricciones y equilibrios necesarios, como salvaguarda contra la arbitrariedad del poder.

 

Conclusión

Todo lo expresado ha de servir para establecer de manera racional una posición ética ante temas como la educación, la economía, la política, los medios de comunicación, el medio ambiente, la ciencia, la universidad y cualquier otro de índole moral o ética que el devenir del tiempo nos proponga. Estos temas atañen a la convivencia, el progreso y el bienestar de las personas, tanto en lo referente a las medidas legislativas y a las iniciativas de todo orden que se tomen en el interior de cada país, como en aquellas otras que tienen sus efectos sobre la comunidad internacional.

La preservación de la diversidad cultural, la igualdad y la satisfacción de las necesidades materiales básicas y culturales para todas las personas, así como la creación  de sistemas de organización internacional que las garanticen, son objetivos fundamentales para el humanismo ético, el cual ha de servir de guía para superar los retos que la nueva era de la información va a suscitar.

 



[1] En la redacción del presente texto se ha tomado como referencia básica lo expresado en el Manifiesto Humanista 2000, un llamamiento a favor de un nuevo humanismo planetario emitido por la Academia Internacional de Humanismo, publicado en la revista Free Inquiry, Otoño de 1999, vol. 19, nº 4, páginas 4-20.